Epidemia de neumonía atípica podría modificar la costumbre en China de expectorar en público

Versión para imprimir Versión PDF
El síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) podría lograr en China lo que no han conseguido multas, leyes, ni señales de prohibido: que millones de chinos abandonen la mala costumbre de escupir ruidosamente, en todo momento y lugar. Desde que el gobierno chino emprendió la guerra contra la neumonía atípica, una de las medidas tomadas ha sido el intentar convencer a la ciudadanía que escupir en la calle, algo que no está mal visto socialmente, es un peligro para la salud pública. En Pekín, mil trabajadores de los servicios sanitarios patrullan las calles de la ciudad para vigilar que la gente no emita sus expectoraciones en la vía pública, mientras que el ayuntamiento ha multiplicado por diez las multas a los que violen la prohibición de escupir (de cinco a 50 yuanes). Antes, los chinos desobedecían y ridiculizaban las medidas de este tipo, pero el SRAS, que ha causado la muerte de 267 personas en China y 600 en todo el mundo, ha hecho que muchos cambien de opinión radicalmente. Los pequineses, que antes ni se inmutaban cuando alguien de la calle escupía, ahora empiezan a practicar una especie de "aislamiento social" al autor del lanzamiento de saliva: le miran con asco, le reprenden y hasta cambian de acera para alejarse de él. Un policía de la ciudad confiesa que "antes nos daba vergüenza multar a la gente por eso, nos miraban mal, pero ahora hasta nos aplauden". Pese a todo, el profesor Liu Junzhou, experto en Salud Pública en Pekín, admite que va a ser difícil que el temible SRAS acabe con el hábito de escupir, ya que "es algo con una larga historia en China. Algunos incluso piensan que el no escupir le hace a uno menos hombre, más impopular", señala el profesor. Liu y sus colegas advierten que escupir contribuye a que en China las enfermedades contagiosas como el SRAS o la tuberculosis se expandan más rápidamente que en otros países, por lo que no sólo es desagradable, sino también perjudicial para la salud. El "espectáculo" del escupitajo lo comienzan los chinos en la garganta, carraspeando con el fin de concentrar las mucosidades en la boca y emitiendo un ruido que para muchos extranjeros acaba convirtiéndose en el más desagradable recuerdo de su visita al país. A continuación, llega el momento del lanzamiento indiscriminado de la saliva y las mucosidades, sin que importe el lugar donde caiga. A una gran parte de los chinos -cada vez menos, pero todavía muchos millones- el escupitajo no les parece una mala costumbre, y en cambio consideran muy desagradable que los occidentales retiren sus mucosidades nasales o bucales con un pañuelo de tela y después se lo guarden, con gérmenes dentro, en el bolsillo. La medicina tradicional china dice incluso que el escupitajo y el eructo frecuentes son saludables y ayudan a que el cuerpo se limpie. En China se escupe en la calle, en la oficina, en la casa propia o en la de los demás, aunque es cierto que este hábito es más propio de las zonas rurales que de las urbanas, y está más extendido entre las personas mayores que en los jóvenes. La elevada contaminación de ciudades como Pekín o Shanghai y el alto índice de consumo de tabaco en China -donde se fuman casi la mitad de los cigarrillos de todo el mundo- no ayudan a la erradicación de la costumbre de escupir, puesto que mucha gente padece problemas respiratorios. Desde que China se abrió a la inversión y el turismo extranjero, en los años ochenta, las autoridades se dieron cuenta que los visitantes mostraban una gran incomprensión a la milenaria costumbre de escupir, que para ellos era la mejor manera de sacar de su cuerpo los gérmenes y los "malos demonios". Por ello, el fallecido líder Deng Xiaoping creó las primeras leyes contra este hábito y creó un auténtico ejército de 200 000 trabajadores sanitarios, con el fin de patrullar pueblos y ciudades. Desde entonces, la señal de "No escupir" -en chino y en inglés- es frecuente en muchos lugares de China, sobre todo en los templos budistas y taoístas. Más tarde surgieron iniciativas más drásticas, como la que se tomó en la provincia de Guizhou (sur de China) en 1995. Los ciudadanos de esa provincia pillados cuando escupían eran condenados a vestir de amarillo chillón y limpiar las calles de su localidad durante una hora al día, al estilo de los castigos ejemplares de la Revolución Cultural (1966-76).Fuente: Pekín, 16-5-2003 (EFE)